Relato porno. Follada salvaje en el metro.

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Todo empezó el día que subí al metro, eran las siete de la tarde iba completamente abarrotado de gente, como era verano yo llevaba una faldita muy corta y una camiseta de color verde. Me llamo Isa, entonces tenía 18 años recién cumplidos, aquella semana era un tanto rara pues el sábado anterior había perdido mi virginidad con mi novio, la verdad es que siempre he pensado que la primera vez sería mucho más dolorosa, aunque lo fue al principio después Ramón me hizo llegar al orgasmo en varias ocasiones lamiéndome mi coño y penetrándome con fuerza.

Como digo estaba yo esa semana un poco rara por todo lo que me había pasado en casa de mi novio, la verdad era que me encontraba súper excitada, deseando que llegara el fin de semana para verle otra vez y follar con él, era como si hubiera descubierto otro mundo. Aquellas noches me las había pasado masturbándome y mirando fotos porno por el ordenador, ese día me había despertado muy, muy caliente.

Como iba diciendo el metro estaba a tope, yo me coloqué en el fondo del pasillo junto a la pared, detrás de mi pegado a ella había un tunecino, al menos tenía esa apariencia, llevaba un chándal azul y debía tener entre 40 y 50 años. Me puse de espaladas a él, pues no me gustaba su mirada. Como la gente seguía entrando cada vez más, la presión de la gente hizo que mi culo se apretase más contra él. No es por presumir, pero es la parte más sexy de mi cuerpo.

Estaba pensando en Ramón cuando noté como el hombre se pegaba más a mí y como su polla estaba cada vez más tiesa, pues tanto la tela de su chándal como la de mi falda eran finas, así que notaba como su verga crecía, otra vez me habría retirado, pero esa semana no. Después empecé a sentir su mano tocándome el culo, yo solo llevaba debajo de la falda un tanga, el que había apartado ligeramente, me estaba sobando con toda tranquilidad el ano haciendo círculos, sin quererlo me excité. Su dedo pequeño entraba un poco en el agujero del culo y con el gordo empezó a masajearme la vagina, a pesar del asco que me daba pensar en lo sucio que llevaría los dedos le deje hacer, pues en aquel momento estaba excitadísima no era capaz de decir nada.

En la siguiente parada, aunque bajaron algunas personas, seguimos igual de apretados, entonces ahhhhhhhhhhh, el espasmo recorrió mi cuerpo mi clítoris se abrió, el placer me hizo apretarme más a aquel hombre. Decidí darme la vuelta y pegada al mismo con mi mano le sobé por encima del chándal, su pene al poco de frotar empezó a crecer, el hombre, salidísimo, me morreó fuertemente la boca metiéndome la lengua y recorriéndomela toda, al tiempo que su polla lanzaba chorros de semen al pantalón manchándolo. Seguimos besándonos sin darnos cuenta que la gente del metro se había bajado, pues estábamos ya dirigiéndonos al final de la línea.

En aquel vagón solo quedábamos él, una mujer madura y otro hombre de unos 65 años, por lo que aproveché para bajarle el pantalón y empecé a chuparle al polla aún caliente, que ya había vuelto a ponerse tiesa, le lamía el glande dando círculos con la punta de la lengua, notaba sus gemidos, en esto el hombre me separó la cara, me tumbó en un asiento, me rompió el tanga y empezó a follarme, sus embestida eran fuertes, su polla era ancha y larga, y sus huevos me golpeaban en el culo, ¡que gusto!

Él me la metía y me la sacaba casi toda, con lo que la fricción era con todo mi sexo, los pezones los tenía completamente tiesos y todo mi cuerpo temblaba deseando el orgasmo, cuando la polla volvía entrar sentía como su glande se ensanchaba y me rozaba las paredes, no podía más, le grité; ¡venga, venga, fóllame, fóllame toda si, siii!

Yo pensaba que, en cualquier momento vendría alguien y nos insultaría, pero entonces otra polla, el otro hombre me la puso en la cara, comencé a chuparla con gran deseo, pues estaba muy excitada; la polla del tunecino seguía penetrándome como nunca la había sentido, le chupé el glande, el hombre gimió soltó un poco de líquido y su verga creció un poco más, entonces noté como unas manos más delicadas tocaban mis tetas las retorcían, sobaban los pezones, ¡oh que placer!, no podía más. La polla de la boca estalló en una lluvia de semen, me lo tragué todo, sabía a metálico, en ese momento no podía más de placer deseaba que parasen - que continuasen.

Después de aquella corrida del hombre me encontré chupándole el coño a la mujer, era muy peludo con labios exteriores grandes tenían gusto a jabón, le mordí en el clítoris y ella gimió de placer, le metí la lengua por su agujero y luego le lamí todo la vagina recreándome en su clítoris que se estaba poniendo tieso, en ese momento ella se separó un poco y me meó en la cara, algunas gotas cayeron en mi boca abierta, yo me tragué su agua, no me dio asco, iba a seguir comiéndome su sexo, y cuando aún estaba tragando su orín, me vine ahhhhhhhhhhhh, con más intensidad que nunca, pues la sensación en la boca y la polla del tunecino en el coño me hizo llegar hasta el punto que creí que iba a perder el sentido.

Al observar esto el hombre se corrió dentro de mí, su polla descargó en mi sexo tal cantidad de semen que se me salía y me bajaba por las piernas, las últimas embestidas fueron tan penetrantes que hicieron durar el orgasmo y provocaron que mis gritos se volvieran inaudibles. Sin darme tiempo a pensar, mientras uno sacaba la polla el otro la metía y volví a notar un líquido caliente que me chorreaba por dentro del coño, el viejo me estaba meando, sentir aquel líquido tan caliente me hizo correrme, otra vez, al tiempo que oí que la otra mujer chillaban ¡más, más¡ como, una descosida pues el tunecino la había tumbado y la follaba salvajemente por el culo.

Era impresionante ver aquella inmensa y grande polla entrar en el orondo culo de la cincuentona y ver su cara de placer y oír sus gemidos ahhhh, ohhhhh…a su lado el viejo se estaba poniendo los pantalones. Yo me levanté y me vestí.

El metro había llegado al final, a un pueblo, salí con Ana que era como se llamaba la mujer; Ali, el tunecino me dio su dirección, nos despedimos me fui a casa de Ana para asearme pues tenía un aspecto horroroso. Allí me duché, durante la que, al acordarme de lo que había pasado, hizo que me metiera los dedos en el coño, me masturbarse con fuerza, cogí un peine y me metí su mango me moví ¡ohhhhhhhhhhhhhhh!, el agua cayó por mi cuerpo mientras me inclinaba de placer.

Ahora sabía lo que era el sexo, había empezado una andadura que me iba a dar una visión distinta de la vida.

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