Relato porno. Enculando a nuestra madre.

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Mi nombre es Carlos, tengo 20 años y vivo con mi hermano Christian de 22 años y mi joven madre de 39. Mi madre tuvo a mi hermano mayor con sólo 17 años, y dos años después a mí, así que mi padre que era de la misma edad que mi madre no aguantó la presión y desapareció para siempre. No me quejo de mi vida, nos va bien.

Voy a describiros a mi madre solamente, ya que creo que es la única descripción importante. Antes de seguir os diré que mi relato es absolutamente real, y que intentaré describir a mi madre lo más fielmente posible. Ella mide 1.75 (bastante alta), y sus medidas son 95-63-94.

A pesar de sus 39 años podría pasar por una mujer de 30 ó 32 tranquilamente, es muy guapa de cara, con una melena negra azabache por debajo de sus hombros, tiene los ojos verdes y a mí me parece una mujer absolutamente excitante. Tiene unas tetas grandes, algo caídas debido a su edad, pero que lucen mucho dependiendo del sostén que lleve, una cintura delgada casi de 20 años y un culo que me vuelve loco sólo de pensar en él. Es algo más grande que el de una modelo, lógicamente, pero bastante fuerte, nada flácido y muy bien puesto, con unas piernas algo más grandes que los de una chiquilla (sobre todo las caderitas), pero aún así apetecibles y muy sexys.

Era el verano pasado, en julio, cuando sucedió lo que os voy a contar. Teníamos una boda en Barcelona, (nuestra ciudad), se casaba la hermana pequeña de mi madre, y a mí casa dos días antes había venido mi primo Juan (18 años), porque vivía en Zaragoza y así le era más fácil asistir, y porque mi tío (su padre y hermano de mi madre), no podía ir, ya que estaba de viaje. Nos dirigimos los 4 a la boda que era de tarde, fuimos andando desde mi casa porque nos quedaba cerca. Mi hermano mi primo y yo de traje y mi madre con un vestido verde fuerte que le quedaba muy sexy, estuve toda la boda mirándola.

A lo tonto se hicieron las 3 de la madrugada, y los 4, por no decir la mitad de los invitados de la boda, íbamos muy borrachos ya… Decidimos volver, y si de la boda a casa había 10 minutos de trayecto quizás tardamos una media hora de lo mal que íbamos.

Ya en nuestro hogar, nos sentamos todos en los sofás, Juan en uno con mi madre y mi hermano y yo en el otro. A los pocos minutos, ya con las americanas y las corbatas fuera, mi madre dijo: “ahora vengo voy a ponerme cómoda”. Tardó un rato, y cuando llegó mi hermano y yo ya estábamos en calzoncillos, y mi primo Juan desnudo de cintura para arriba, entre el calor del verano y el alcohol no aguantábamos más vestidos. Ella apareció con una camiseta ancha y unos pantalones de pijama largos, pero muy finitos que incluso se transparentaban un poco. Además en una mano llevaba una botella de vino y en la otra cuatro copas.

-Venga chicos una última copa-.

Descorchó la botella con alguna dificultad, y llenó las cuatro copas. Nos la bebimos con ganas después de brindar y eso fue para todos la gota que colmó el vaso. Después de decir unas cuantas estupideces pusimos la tele (a esas horas no hacían nada), y mi madre se quedó dormida estirada boca arriba en el sofá, con mi primo Juan arrinconado a un lado. Estábamos todos fatal y al rato vi a Juan como miraba a mi madre, llevaba ya un rato fijándose en ella. De repente me miró y con toda la borrachera me dijo:

– Joder, ¡que buena está la tía Claudia eh!- Jajajaja.

Mi hermano y yo nos miramos y nos reímos a carcajadas, estábamos tan atontados. Lo que pasó es que Juan no tuvo suficiente con el comentario, su mirada era sucia y lasciva y yo a pesar de mi estado me daba cuenta. Enseguida comenzó a acariciarle las piernas con una mano, suavemente, los muslos, las caderas, los muslos por el interior…Su respiración era profunda, yo que quizás era el menos borracho de todos me daba cuenta de su excitación. Siguió así un rato, ante mi cara de asombro y las risas de mi hermano, y enseguida se quitó los pantalones y siguió tocándola, acariciándola.

Ahora ya se atrevía a colar su mano entre su culo y el sofá y a acariciárselo, apretujárselo y sobárselo sin parar, cada vez más y más excitado. Me fijé en la tremenda erección que tenía debajo de sus calzoncillos, pero estaba tan sorprendido que no podía decir nada, y mi hermano al ver la evolución de la actitud de Juan cada vez reía menos y miraba más atentamente. Con todo eso mi madre no había hecho ni un solo gesto de despertar, casi estaba más inconsciente que dormida yo creo. Siguió Juan un rato, y ya era descarado, le empezó a acariciar el coño a mi madre por encima del pijama, al principio con suavidad, pero después con más fuerza, y ella seguía sin enterarse de nada.

Miré de reojo a mi hermano que estaba atónito, y me di cuenta que además de sorprendido empezaba a excitarse, yo también notaba como mi miembro poco a poco reaccionaba con aquella escena. Juan estaba excitadísimo, y finalmente se echó encima de mi madre, y empezó a tocarle y agarrarle con fuerza sus grandes tetas, a cogerle el culo, a sobarle el coño.

Yo no podía creer que estuviese haciendo eso, a mi madre, a su tía, y encima delante de nosotros y sin que mi madre supiese nada. Juan estaba a punto de explotar y como pudo se quitó los calzoncillos, abrió de piernas a mi madre y se colocó entre ellas estirado, y empezó a restregarle su polla como si se la estuviera follando a lo bestia, pero con el pijama entre ella y él. La agarraba por las nalgas y seguía hasta que no pudo más, agarró el pijama de mi madre y se lo bajó hasta las rodillas más o menos, un poco por encima, dejando al arreglado coño de mi madre al descubierto.

Finalmente con aquello yo conseguí reaccionar y con tono autoritario le dije

–Juan, ¡eso no! Haz lo que quieras, ¡pero eso no!-.

Él se quedó muy cortado, dejó a mi madre tumbada en el sofá con el pijama bajado, se sentó en el sofá y empezó a pajearse mientras la miraba. De reojo veía como mi hermano se acariciaba por encima del calzoncillo, y yo ya tenía una erección terrible. Estuvo como 5 minutos pajeándose, el alcohol hacía que tuviese tanto aguante, y entonces me miró y me dijo.

–Lo siento primo, pero no puedo más-.

Con un par de movimientos rápidos acabó de sacarle el pijama a mi madre, le volvió a abrir las piernas ahora sin ningún impedimento, la cogió por el culo y colocando su polla en su agujero la penetró con fuerza. Pude ver como mi madre reaccionaba con aquello, pero seguía dormida. Él se acomodó un poco y comenzó a follársela sin parar, mientras que mi hermano se deshizo de sus calzoncillos y empezó a pajearse viendo todo aquello.

Al poco rato mi madre por fin abrió los ojos, estaba desorientada y mareada, pero se daba cuenta de todo, miraba fijamente a Juan, pero no hizo ningún gesto de desaprobación. Juan siguió follándosela y ella también respiraba profundamente y gemía muy, muy bajito.

–Ahhhhhhh, ohhhhhhh, que buena estás tía, ohhhhhh, ohhhhhhh, Oh, ¡ahhhhhhhhhhhh!-

En el último gemido Juan descargó toda su leche dentro de mi madre, teniendo unos espasmos increíbles, mientras que ella gemía con algo más de fuerza. Después de eso salió de dentro suyo, estaba agotado, completamente sudado, y se tumbó desnudo en el suelo, (que era lo único de la casa que estaba frío), recuperándose.

Mi madre también respiraba con fuerza, con dificultad, y mi hermano seguía cascándosela mirando a mi madre. Intentó levantarse del sofá, pero estaba tan agotada y borracha aún, que se deslizó hasta el suelo, quedándose a cuatro patas, y ofreciéndose la vista más excitante posible. Quedó así unos segundos y finalmente mi hermano se levantó, se fue hasta mi madre, se puso de rodillas, la agarró por las nalgas y colocó su polla en la entrada de su coño.

Mi madre no decía nada, como mucho volteaba la cabeza para mirar con dificultad, y él sin pensárselo más la penetró de un empujón.

-Ahhhhhhh, ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhh, mmmmm, mmmm-

Empezó a embestirla con fuerza, gimiendo como un loco, y mi madre también, pero como ya he dicho muy flojito. Yo no podía creerme todo aquello, mi hermano follándose a mi madre a lo perro, y yo allí mirando. No pude más con la escena, me quité los calzoncillos y yo también empecé a pajearme como un loco. Mi hermano siguió y mi madre parecía que cada vez disfrutaba un poquito más, pero lo que estaba claro es que no le rechazaba, se dejaba hacer. De repente Christian paró de embestirla, sacó su polla y la colocó en la entrada de su culo.

–¡Que culo tienes mamá!-

Yo conseguí oír que mi madre decía un tenue “no, eso no, no”, pero seguía sin reaccionar. Christian dijo:

-Ya verás mamá esto te va a encantar-

Y empezó a penetrarla lentamente agarrándole fuertemente de las caderas.

–Ahhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhh, aahhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ya falta poco, ¡vamos mamá vamos!

Él gemía y la embestía con fuerza, pero no conseguía entrarla de todo, y mi madre también gemía ahora más fuerte, pero de dolor no de placer.

Al final mi madre hizo un esfuerzo, llevó su mano hasta la polla de mi hermano, y se la sacó de un golpe, evitando la enculada, y tumbándose mareada en el suelo boca arriba. Christian reaccionó enseguida y volvió a abalanzarse sobre mamá, le abrió las piernas y siguió follándosela en el suelo al estilo misionero, mientras que yo seguía con mi increíble paja.

Mi hermano empezó a sentirse mal por la borrachera, no podía seguir, salió de encima de él y se tumbó a su lado completamente agotado, su erección había perdido fuerza, y cuando parecía que todo había acabado fue mi madre la que atacó. Se puso encima de él despacio, le agarró la polla, la colocó y se la introdujo entera.

–Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh-.

Mi madre empezó a moverse lentamente, sin decir nada, sin mirarle a la cara. Empezó lenta, pero enseguida fue cogiendo velocidad, moviéndose sin parar, estaba bastante despejada ya o eso parecía. Mi hermano gemía sin parar, estaba completamente ido, y yo no aguanté más y decidí participar…

Fui por detrás de ellos, y ayudé a mi madre a quitarse la camiseta mientras ella seguía cabalgándolo, y comencé a sobarle las tetas con fuerza, a lo bestia, mientras ellos dos gemían como cerdos. Estaba a punto de reventar, coloqué mi polla en la entrada de su culo y con enorme fuerza conseguí metérsela entera, haciendo de mi madre un bocadillo sexual.

–Ahhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, mmmmmm, ahhhhhhhhh.

Gemíamos todos, de placer, mi madre y yo también un poco de dolor, su culo era estrecho, me apretaba mucho, casi no podía moverme, pero estaba demasiado excitado. Se la saqué un momento, me llené la mano de saliva y me lubriqué el pene, para repetir la acción.

–Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhh-.

Estábamos incómodos en el suelo, tenía mi polla más acomodada aunque me seguía doliendo, pero la excitación era tal que enseguida me corrí teniendo el mejor orgasmo de mi vida, y descargando un litro de leche en su culo, el mismo culo con el que mi hermano no había podido.

Salí de allí y me tumbé en el sofá más cercano, viendo como mamá seguía con mi hermano, hasta que agotada salió de encima suyo. Pensábamos que todo iba a acabar allí, pero entonces acercó una mano hacia la polla de Christian, y sin prisa, pero sin pausa acabó el trabajo con una paja que él disfrutó muchísimo.

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