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Siempre he tenido fantasías eróticas con hombres de diferentes nacionalidades. Me parece excitante escuchar sus voces y cada acento diferente. Me imaginaba tener solo para mí a un español, un colombiano y un cubano. Conocer y poder realizar mis fantasías con hombres de estas tres nacionalidades ya se convertía en un capricho y llenaban de ansiedad mis noches.
En un viaje a Madrid, conocí a un chico español en una discoteca de moda. Contemplarlo era como estar en un museo apreciando una obra de arte, era espectacular. Era justo lo que consideraba físicamente el hombre ideal.
Me encontraba bailando junto a unos amigos, cuando aquel espectáculo de hombre me invitó a bailar. Lo había estado mirando desde hacía unos minutos y me había percatado que él también me miraba. Cuando por fin escuché su voz ya me sentía lo suficiente excitada para saber que tendría una noche lujuriosa.
Mis amigos se despidieron, al próximo día unos trabajaban y otros regresaban a sus países de origen.
Bailamos sin detenernos por espacio de una hora, aunque era invierno, nuestros cuerpos tenían temperaturas de una calurosa noche de verano. Fuimos a buscar unas cervezas, él me pregunta que si conocía la discoteca. A Lo que respondo que no, que estaba de visita en Madrid. Compramos las cervezas y comenzamos a conocer cada rincón de la discoteca.
La discoteca era un teatro de varios niveles. Si mal no recuerdo eran cuatro niveles, y una fantasía que realizar por cada nivel. En el primer nivel estaban ubicadas las salas de baile y varias barras.
En este nivel, no hacían falta las palabras solo las miradas y las respiraciones confirman el deseo de salir corriendo juntos de la discoteca y estar en lugar privado solo nosotros dos.
Fuimos por otras cervezas y comenzamos a platicar de algunas de nuestras fantasías. Le comento que me excitaba mucho que otras personas me observaran mientras yo tenía relaciones sexuales. Me excitaba tener el control y lograr que todos se excitaran.
El me dijo que realizaría cada una de mis fantasías, en ese momento me lleva al área de la pista de baile y subimos a una tarima. El comienza a besarme y a acariciar mis senos mientras bailamos, cuando pude recuperar el aliento ya estaba sin mi camisa. El me dice que cada una de mis fantasías son órdenes para él.
En Madrid casi todo es permisible, en una discoteca todos bajo los efectos de alcohol hacían más factible convertir en realidad la fantasía de tener sexo en público.
En esa pequeña tarima donde subimos a bailar había varias personas bailando y la misma quedaba de fondo a los que bailaban en la pista. A mi me provocaba acostarme, que me tocaran y besaran todo mi cuerpo.
Me pegué a la pared y comencé a deslizarme hasta llegar al piso, allí sentada abrí mis piernas y comencé a masturbarme, cuando escuché esta voz que me excitaba más decir:
“Joder, tú estás haciendo realidad mis fantasías” y me dice “quédate solo en la tanga y baila para todos nosotros acariciando tu cuerpo y masturbándote al ritmo de la música”.
Soy una bailarina frustrada, sentí que era mi momento de realizarme como una gran bailarina frente a un público al que ya tenía capturado y esperando ver un gran espectáculo.
Continué bailando y acariciándome, mi españolito me miraba con cara de asombro y satisfacción. Me acerqué a él y le bailé mientras él me acariciaba y masturbaba, era increíble sentir como entraban y salían sus dedos de mi vagina y más excitante escuchar al público gritar de emoción y lujuria.
El me sienta en el piso de la tarima, me abre las piernas y comienza a besar y lamer mis piernas, muslos, hasta llegar a mí vagina. Me encanta sentir placer, sentirme deseada y aquel momento de lujuria marcaba una de las mejores mamadas que he recibido, aquel momento definían lo que es sentir placer.
Mientras disfrutaba del momento escuchaba voces que gritaban “joder, tío fóllatela” gritaban chúpale el culo.
No puedo recordar cuantos orgasmos disfruté esa noche, solo puedo recordar todo el placer que recibí.
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