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Soy un joven de treinta años, esto que voy a contarles ocurrió en mi adolescencia cuando comencé a disfrutar de los placeres del sexo y mi energía era inagotable. Mi padre es un hombre sencillo que siempre trabajó en tareas rurales en esa época era capataz en una estancia y portaba un formidable cuerpo atlético y unos ocultos cuarenta años que no demostraba para nada.
En esa época vivíamos en un campo muy grande que él administraba en la Prov. de Bs. As. (Arg.) Estas estancias solían tener muchos empleados que vivían allí mismo con sus familias, incluso hasta en algún momento tuvimos una maestra que venía a dar clases a todos los chicos juntos que vivían allí y en otras ocasiones íbamos a clases a una escuela rural cercana en un mismo autobús pagado por nuestros padres para tal fin.
En esos años de tanta efervescencia y descubrimientos, yo tenía una amiga muy particular que tenía unos años más que yo, a quien llamaré Marcela para no revelar su verdadero nombre, ella era una chica alemana de ojos azules casi turquesa, pelo rubio y una piel blanca casi transparente, ella ya portaba unos senos bien marcados redondos e indisimulables que siempre estaban a punto de escaparse de entre sus ropas.
También su cola era bien redondeada y bien paradita, sus nalgas se movían con mucha gracia; por sus piernas yo me imaginaba una cola bien blanca y blandita, pero a través de sus ropas se notaban bien firmes.
La verdad de todo esto es que yo había empezado a jugar con ella y con su cuerpo, ella tenía también mucha curiosidad sobre mí y sobre mi cuerpo, una de las primeras situaciones calientes fue cuando ella me enseñó a besar, siempre caminábamos por el campo y charlábamos largas horas, a veces nos tomábamos de las manos y nos besábamos con la excusa de aprender como se hacía, lo cual provocaba en mí tremendas erecciones que ella disfrutaba mucho ya que frotaba su cuerpo contra el mío presionándome la verga y los huevos logrando que se me pusiera más dura cada vez, así fuimos avanzando hasta que un día propusimos desnudarnos y mostrarnos nuestros cuerpos, ella me pidió que le mostrara mi pene y ella me mostró su tesoro más guardado.
Ella me permitió que le abriera con mis dedos su almejita y observaba ese orificio hermoso, pequeñito y rosado por dentro, en ese momento tuve una erección tremenda, y ella me pidió que le pusiera la cabecita de mi pene en la puertita de su conchita, que hermosura nunca voy a olvidar esa sensación y ese primer intento de penetración, no llegué a penetrarla porque ella me dijo que tenía temor que algo malo nos pasara y ese día la cosa quedó allí; a todo esto mi padre seguramente se daba cuenta de lo que estaba pasando entre nosotros así que un día él me habló claramente y me explicó de las consecuencias que podría acarrear el hecho de tener relaciones con ella con respecto a un embarazo, pero en realidad creo también que él tenía una curiosidad inmensa de saber que estaba pasando entre nosotros, yo le confesé lo que había ocurrido hasta el momento y hasta adonde habíamos llegado.
Mientras yo le iba contando con lujo de detalles la cara de mi padre se iba transfigurando, sus ojos se abrían más grandes y tragaba saliva como si se le hubiera hecho agua la boca; en ese momento me dijo:
- Hijo, es una hermosa chica, si lo deseas puedo ayudarte a que disfrutes del sexo con ella -. A lo que respondí: - me muero por tener sexo con ella, pero siempre llegamos a un punto donde ella se resiste -. Él me dijo: - no te preocupes, dile que yo puedo enseñarles todo lo que deseen aprender sobre sexo, ella aceptara -. Efectivamente ella aceptó, seguramente porque mi padre es un hombre muy atractivo, y en ese momento tenía un cuerpazo muy atlético y expiraba seducción por todos sus poros.
A los pocos días tuve la experiencia más explosiva de mi adolescencia, la cita para nuestra primera clase de sexo se concretó en un establo donde mi padre guardaba su caballo, herramientas y alimentos para los animales, era un lugar muy cálido ya que estaba construido de madera con unos ventanales en lo alto que permitían la entrada del la luz del sol, allí había muchos fardos de paja y estaba invadido del olor particular de paja calentita y caballo, algo que me pone a full hasta hoy en día.
Estábamos allí dentro cuando mi padre entró, cuando lo vi cerrar la puerta empecé a sentir un hormigueo en mi estómago que me empezaba a subir hasta el cuello, y al verlo caminar hacia nosotros mi miembro empezó a hincharse lentamente, la respiración de Marcela se aceleró un poco, y mi padre se desbrochó un poco la camisa porque allí la temperatura era un poco más alta que afuera, o porque estaba poniéndose caliente igual que nosotros, entonces tomó a Marcela de la cintura y empezó a bajarle su pollera y su ropa interior después, ella suspiró, el la puso contra la montaña de hierbas secas le abrió las piernas y empezó a lamerle la colita, ella lanzó un gemido fuerte y él le susurró:
- no grites tan fuerte, esto recién empieza -. Con sus dedos, le separaba las nalgas y la penetraba más con la lengua, yo observaba ese espectáculo y sentía una revolución en mi interior, me vinieron unas ganas tremendas de masturbarme.
Mi padre me pidió que me acercara más para observarle bien la conchita a esta chica y me mostró el clítoris de ella, que estaba totalmente erecto, yo empecé a besarle con mis labios toda la zona, empezando por el clítoris, y luego seguí bajando por los labios vaginales hasta que introduje mi lengua en su interior, a todo esto mi padre me sacaba los pantalones y el calzoncillo dejándome totalmente en pelotas y cuando ya estaba desnudo me dijo:
- Bueno ahora penétrala.
Yo acerqué la punta de mi verga a la puertita de su tesoro que estaba mojado y caliente y mi padre me dio un empujón con su mano en la cintura y la penetré de golpe, ella respondió con un gemido fuerte, yo sentí un placer enorme al notar como se resbalaba mi miembro en su interior y comencé el mete y saca hermoso que me transportaba al paraíso, empecé a sentir un placer enorme que nacía en mis pelotas e invadía todo mi cuerpo no podía parar de moverme metía y sacaba sin hacer ningún esfuerzo mi cuerpo se movía solo y la invasión de placer era tremenda cada vez subía más arriba hasta mis tetillas y luego mi garganta.
A todo esto mi padre con una hermosa verga recta grande y gruesa le masajeaba los pezones y trataba también de introducírsela en la boca algo que a la chica le era un poco dificultoso sobre todo cuando quería lanzar un gemido fuerte ya que él aprovechaba ese momento para taparle la boca con su vergota.
Yo no daba más estaba a punto de explotar y mi padre me gritaba, ¡vamos más fuerte! Yo me movía y gritaba sentía todo el orgasmo, pero la leche no salía, entonces mi padre se acercó a mí me hizo separar un poco las piernas y me agarró de las pelotas y empezó a apretarlas masajearlas y tironear hacia abajo como si me estuviera ordeñando, de pronto empecé a sentir como mi verga se llenaba de un líquido ardiente, detuve mis movimientos de golpe y con los tirones que me daba mi padre la polla quedó fuera del ese canal maravilloso y empecé a desparramar leche caliente sobre ella al mismo tiempo que gemíamos de placer los tres, el primer chorro de leche que saltó llegó hasta su cara y el segundo le bañó los pechos, el resto quedó en su panza y alrededor de su conchita.
Mi padre fue el último en correrse, se puso de pie al lado nuestro y empezó a darle las últimas cascadas hasta que soltó un torrente blanco que iba cayendo poco a poco sobre el vientre de ella y se confundía con mi lechita blanca. Ella estaba muy feliz no paraba de elogiarnos y decirnos lo bien que la había pasado. Estas clases continuaron por unos meses y son el mejor recuerdo que tengo de los comienzos en el sexo.
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